Posted by Peronista Con Secuelas julio 21, 2017



Pasaron muchas cosas en nuestro país desde 1983 a la fecha, pero por sobre todas las cosas, hemos pasado nosotros, como pueblo. Y hemos pasado lo que se dice, por encima de todo, literalmente. Por encima de los hombres, de los niños, de los ancianos y de la historia. Con todo esto, no queda más que darnos cuenta que hemos pasado también por encima de los valores, y claro está, hasta por encima de la verdad. Esa verdad tan clara e irrefutable que alguna vez nos hizo libres y hoy sin embargo, ha quedado tan bastardeada que ya se duda de lo cierto y se da crédito a lo falaz. Porque obviamente, la mentira ha quedado a la misma altura que la verdad, exigiendo sus derechos y reclamando un precio, que no es ni más ni menos que la propia sangre de ese pueblo que la ha llevado peligrosamente a ocupar ese lugar. Los argentinos no somos democráticos. En tiempos de gobiernos de facto, salimos a reclamar a viva voz por nuestros derechos constitucionales, y en tiempos de democracia, protestamos porque la Señora Constitución está obsoleta. Es que eso somos. Lo que no se ajuste al poderoso de turno, se lo pisa, se lo aniquila, se lo miente descaradamente disimulado con el manto de idealismo, y con el tiempo, da igual si los idealistas siguen siendo jóvenes o aún en su decrepitud siguen aferrados a un discurso de mentiras revolucionarias que tiene como único objeto hacerse del botín. Porque la sociedad argenta, tan panqueque como sus dirigentes, a todo le dice no. No al robo. No a la corrupción. No a la mentira. No a la represión. No al terrorismo. No al comunismo. Y hasta ahí, veníamos bien, pero luego, cuando es su partido el que está en el poder, las cosas pasan a ser: "Roban, pero hacen". "No son corruptos, hay una campaña en su contra". "Es una persecución". "Los quieren ver presos". Y cuando los condenan, con sobradas evidencias del delito, pasan a ser "presos políticos". Y sale la horda de cómplices por un lado, fans por el otro, a pedir hasta en la mismísima ONU por la libertad de esos "pobres presos políticos" que "robaban al país pero antes la gente comía", y por culpa de los que los encarcelan, ahora esa gente "tiene que trabajar todos los días". No quieren represión, pero cuando la horda se descontrola, y "piquetea" las calles hasta debajo de las piedras porque quiere dinero sin trabajar, "donde está la policía que no los saca??". Repudian el terrorismo, pero en Francia, o en el Congo, aquí no, aquí en Argentina, son "jóvenes idealistas" y los tienes un día con la foto de perfil en las redes sociales enmascarada con la bandera francesa al grito de "JeSuis... lo que venga, y cuando menos te lo esperas, te zampan una foto del Che o guardan un minuto de silencio por la muerte de Castro. Eso somos. Ni democráticos, ni respetuosos de las leyes. Un hato de obsecuentes y consecuentes con los códigos propios según convenga. Ya sean éticos, morales o legales. Da igual. Somos, como dijo Discépolo, la Biblia junto al calefón.


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